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Qué es el vino roble y porqué es diferente

¿Qué es el vino roble?

Puede que hayas oído a alguien pedir un “roble” y te preguntes qué tipo de vino es. Esta denominación nació en la Ribera del Duero en los últimos años del siglo pasado. Hace referencia a un vino joven, de añada, que ha permanecido algún tiempo en barrica, naturalmente de roble. Por lo general, estamos hablando de entre 6 y 9 meses, aunque te puedes encontrar vinos con tan solo 3 meses de estancia en barrica. De hecho, este es el tiempo mínimo para que sea considerado un vino roble en la Denominación de Origen Ribera del Duero.

Como ves, se trata de una categoría nueva, a medio camino entre el vino joven y el de crianza, con características de ambos. Es un vino más fácil de beber que un joven, sin llegar a alcanzar la complejidad de un crianza. Eso sí, se nota la contribución de la madera en cuanto a intensidad de color, aromas y textura. Si bien algunas bodegas elaboran blancos jóvenes con estancia en barrica, por lo general estaríamos hablando de un vino tinto roble.


¿Cómo se produce el vino roble?

El objetivo del paso por la barrica es suavizar los excesos del vino joven, matizarlos. Seguirá teniendo las características del terruño pero más equilibradas.

El tiempo de estancia en la barrica viene establecido por el consejo regulador de cada denominación de origen. Asimismo, cada bodega determinará la conveniencia de que sus vinos pasen más o menos tiempo en contacto con el roble en función de la añada. La cantidad de lluvia recibida y las temperaturas estacionales serán las que condicionen en última estancia esta fase de crianza.

Otro factor a tener en cuenta es el tipo de barrica que se usa. A pesar tratarse de un período relativamente corto, la elección de la madera determinará en gran medida el resultado. Para elaborar un vino tinto roble pueden usarse barricas nuevas, como se ha hecho tradicionalmente para vinificarlas. Pero la experiencia demuestra que se obtienen mejores resultados recurriendo a barricas de segundo o tercer año y reduciendo el tiempo de estancia.

Algunos productores se decantan por el uso del roble americano. Como es sabido, esta madera transmite sus propiedades a los caldos con mayor rapidez, lo cual resulta interesante para envejecimientos cortos como este. El resultado son vinos muy aromáticos. Otro punto a favor del roble americano es su reducido coste en comparación con el francés o el español. Al tratarse de vinos jóvenes, la comercialización se sitúa en la gama baja de precios y cualquier contención en los gastos de producción es bienvenida.

Características del vino roble

Entre todas las características del vino roble, quizás la más destacable sea lo fácil que es de beber. No debemos olvidar que los vinos jóvenes son los que mejor reproducen las particularidades del terruño. Por ejemplo, si las viñas producen uvas ásperas, acibaradas y con un punto metálico, esto se refleja tal cual en el vino joven. La madera contribuye a suavizar el sabor, a la vez que le aporta sus propios aromas y colores.

Un vino tinto roble sigue teniendo potencia, pero incorpora sabores y aromas de frutos rojos (grosella, fresa, frambuesa). Es decir, es más afrutado que uno joven. También es más armonioso en boca y permite apreciar los tonos tostados y avainillados del roble desde la nariz. Por último, estos vinos presentan tonalidades más oxidadas.

Por otra parte, cabe destacar que los vinos roble tienen una vida más larga que los vinos jóvenes. Si estos deben consumirse antes de que pasen dos años desde su embotellado, el roble puede consumirse hasta un año más tarde en óptimas condiciones.

Vino roble: posibles maridajes

El gran logro de este vino -y, seguramente, la razón de que esté teniendo tan buena aceptación- es su versatilidad. Por una parte, estos vinos maridan con una sorprendente variedad de platos. Y, por otra, se pueden tomar prácticamente a cualquier hora del día.

Esos toques tostados tan característicos del roble -achocolatados, se podría decir- van increíblemente bien con todo tipo de salazones. Aquí se puede incluir una amplia variedad de aperitivos: queso, jamón, fiambres, anchoas en semiconserva, etc. En boca, se produce un marcado contraste entre la sal y la fruta, tan intenso como interesante.

El roble también marida bien con la pasta en salsa, sobre todo si lleva carne (canelones, macarrones a la boloñesa). Y mejor aún si está un puntito picante, lo que hace el maridaje extensible a numerosos platos de la cocina mexicana (burritos), marroquí (maakouda), etc. Por último, una copa de roble es la pareja perfecta de cualquier carne blanca, en salsa o simplemente a la plancha.

Esta versatilidad, junto con lo asequible de su precio, hacen que el roble sea una opción más que aceptable para el día a día. Una reunión informal con amigos, la hora del aperitivo, una cena ligera a última hora del día… el roble se adapta.


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